Entrevista en Deia

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Autor: Javier Gamboa
Fotografía:  Borja Guerrero
Originalmente publicado en diario Deia 14/01/2024: página del diario

Itziar Aretxaga, astrofísica: “Sí, he descubierto miles de galaxias junto con el resto de mis colegas”

Empezó a formarse en el colegio de las Esclavas de la calle Tiboli en Bilbao y ha llegado al gran telescopio de Puebla, en México, tras pasar por el Real Observatorio de Greenwich en la Universidad de Cambridge o el Instituto Max Planck para Astrofísica cerca de Munich. Ha caminado siempre mirando las estrellas. Itziar Aretxaga creció en la casa “llena de libros” de sus padres en la Travesía B de Uribarri. Estudió Física en la UPV/EHU. Se especializó en Astrofísica en la Complutense y se doctoró en la Autónoma de Madrid con el apoyo de una beca del Gobierno vasco a la que sigue agradecida. Dos becas europeas Marie Curie le posibilitaron investigar en el Real Observatorio de Greenwich (Inglaterra) y en el prestigioso Instituto Max Planck (Alemania). Después, desestimó posibles empleos en Europa y Estados Unidos para formar parte del equipo científico del entonces naciente telescopio de ondas milimétricas de Puebla (México). Se instaló con la idea de probar durante un año. Lleva un cuarto de siglo en el país azteca. Ha formado parte de equipos que han documentado el nacimiento de miles de galaxias y otros hallazgos. Ahora está ilusionada con la puesta en marcha de la nueva herramienta Toltec que permitirá observar las galaxias que se formaron en un universo balbuciente. Cada año regresa, o lo intenta, a Bilbao, donde se reúne con sus primos y amigos. Pasea. Lee libros de la biblioteca de Bidebarrieta. Compra otros para regalar. “Me tomo un respiro para reflexionar sobre quién soy, de dónde vengo y a dónde voy. Es una visita que siempre espero con mucho anhelo porque me da una tranquilidad grandísima y la oportunidad de reencontrar mis raíces y de estar en una sociedad en la que no necesito explicarme para que se me comprenda”, confiesa.

¿Por qué la Astrofísica?

De niña me gustaban las ciencias en general. En mi casa siempre hubo mucho material de lectura. Mis padres eran grandes lectores. Con 16 y 17 años iba a librerías a buscar libros que hablaban sobre Física. Mi librería favorita era Verdes, aunque no fuera una librería científica. Esa librería era preciosa, aún guardo una de sus bolsas de plástico. Me da mucho gusto utilizar esas cosas que son reliquias del pasado. De repente, me transportan. Había otra librería que se llamaba Kirikiño; recuerdo haber entrado ahí para preguntar sobre un libro que hablaba sobre los quark [partículas elementales de la física subatómica].

¿Tenía una idea del recorrido que le esperaba?

Muchos de mis amigos, y mucha de la gente del barrio, somos primera generación universitaria. Nuestros padres no tuvieron la oportunidad. Nuestra generación, de repente, se encontró con que nuestros padres se esforzaron para darnos un mejor futuro. Y eso había que aprovecharlo. En aquel momento, para mí, estudiar Física significaba dedicarme a lo largo de cinco años a conocer un tema que me apasionaba. No me planteaba que iba a ser investigadora; había que comer. La investigación para mí era algo reservado a otro tipo de gente. Luego te das cuenta de que existen ayudas públicas para poder acceder a estudios más allá de la licenciatura. Y te esfuerzas por sacar las mejores calificaciones posibles.

Se doctoró en la Universidad Autónoma de Madrid.

En la Autónoma trabajaba una profesora recién contratada que hacía estudios de Astrofísica; eso era lo que más me interesaba. Allí empecé a estudiar algo que llamamos núcleos galácticos activos: las zonas centrales de las galaxias con emisiones de luz extraordinarias que pueden llegar a emitir tanta luz en el centro de la galaxia como todas las estrellas que hay en la galaxia.

¿Y cómo aterrizó en el telescopio de Puebla?

Las becas eran entonces la precariedad de la precariedad, el romanticismo de querer hacer ciencia. Al terminar mi segundo posdoctorado solicité empleos en Estados Unidos y Europa. En México me conocían porque había ido a un par de talleres sobre Astrofísica y me dijeron ¿por qué no solicitas nuestro trabajo? Me aceptaron en las ofertas de Estados Unidos y en alguna de Europa, pero me decidí por México. Era un puesto que se podía convertir en permanente y con una línea de desarrollo de muy buenas perspectivas. Conocía a la gente que trabajaba en ese instituto y sabía que estaban desarrollando un nuevo proyecto muy potente. Fui con la idea de probar por un año porque me parecía un reto adaptarme a la sociedad mexicana. Ese año se ha convertido en veinticinco.

Un cuarto de siglo con el telescopio de ondas milimétricas.

El gran telescopio milimétrico se estaba construyendo. He desarrollado parte importante de mi carrera trabajando la instrumentación, los instrumentos que se acoplan al telescopio y que los llevamos a otros telescopios para poder hacer investigación sobre formación y evolución de galaxias. Ahora coordino el trabajo de investigadoras e investigadores del nuevo instrumento, llamado Toltec, que tenemos acoplado al telescopio.

¿Qué es Toltec?

Una hipercámara de nueva generación para estudiar la formación y evolución de galaxias a muy grandes distancias. La cámara está ya acoplada al telescopio y ya hemos obtenido los primeros datos, pero no los suficientes aún para probar los diferentes modos de observación. Este principio de año concluiremos la fase de pruebas de ingeniería de la cámara. Y luego empezaremos con la toma de los mapas amplios del cielo, con lo cual queremos resolver algunos problemas científicos.

¿Cuáles son?

La formación y evolución de las galaxias. Buscamos el origen de las galaxias y el nacimiento de las estrellas en las galaxias.

¿Podrá Toltec ver el origen de nuestro universo?

Ahora sabemos que el agente oscurecedor, el polvo, no está al principio del universo. El universo empezó teniendo mucho hidrógeno, un 20% de helio y trazas de otros elementos químicos más pesados, como el litio. En consecuencia, la primera generación de estrellas no tuvo polvo alrededor para formarse, porque no había elementos químicos más pesados que ayudaran a esa formación de estrellas. ¿Cuándo se formó todo ese polvo para ayudar al nacimiento de tantas estrellas? Es una historia que aún no hemos reproducido y que queremos conocer con observaciones de esta cámara.

¿El polvo se encuentra en todas partes?

Hay galaxias que casi no tienen polvo. Por eso telescopios como el Hubble o el James Webb pueden descubrir galaxias muy lejanas también. No todo el universo se comporta exactamente igual.

Dicen que ha descubierto usted mil galaxias…

Cada vez que me lo preguntan siempre digo: sí, he descubierto miles de galaxias. Junto con el resto de mis colegas. O sea, estamos hablando de equipos de cientos de personas, no soy yo sola. Por ejemplo, Toltec exige un equipo instrumental y científico de setenta y tantas personas. Después, contamos con 300 investigadores e investigadoras asociadas. Estamos hablando de un equipo de más de 300 personas. Y no solamente aplicadas a descubrimientos de galaxias a muy grandes distancias, también se dedicarán a observaciones de nuestro sistema solar, a la formación de estrellas de nuestra propia galaxia.

¿Localizarán fenómenos inesperados gracias a Toltec? 

Cuando construimos nuevos instrumentos como Toltec tenemos que estar abiertos a lo inesperado y a lo que no nos hemos imaginado. Ya hemos tenido sorpresas antes, pero no en el descubrimiento de objetos radicalmente diferentes. Aquí podría ser que encontráramos objetos astronómicos radicalmente diferentes o con propiedades muy extremas.

¿Qué descubrimientos sorprendentes han realizado con anterioridad?

Encontramos galaxias que forman estrellas a un ritmo dos mil veces más rápido que nuestra Vía Láctea. Desde el punto de vista de concepción teórica se pensaba que no podía ser. Bueno, pues es: lo hemos encontrado y lo hemos demostrado. Son esos pasos inesperados los que te llenan de emoción. Es a lo que estamos abiertos cada vez que participamos en un gran proyecto de exploración, lo que llamamos los censos del cielo: encontrar algo distinto. Es lo que nos mantiene enganchados al mundo de la investigación. Vivimos emocionados por el siguiente proyecto que queremos realizar.

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